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inicio
Sidrería Manolo no es un restaurante al uso y no lo decimos por la calidad de su cocina. De eso, por supuesto, le sobran argumentos. El establecimiento marbellí se parece más a un espacio desenfadado y confortable en el que se reúnen los amigos que a un local de etiqueta algo distante. Amigos por supuesto amantes del buen yantar y de los productos asturianos. En esta sidrería se respira un ambiente cercano, familiar. Aquí nadie se siente forastero porque todo son amigos. Y no es una afirmación baladí. Si queremos una mesa debemos hacer la reserva, por teléfono. De otra forma será imposible. Su propietario y restaurador lo confiesa mientras se encoge de hombros. |
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No trabaja sino con una clientela fija y conocida que día a día es fiel y puntual a su cita. Por esta razón, es difícil encontrar una mesa libre cualquier día de la semana.
Este desacostumbrado restaurador es la tercera generación de asturianos vinculados a la hostelería. De él aprendió conceptos clave para la profesión. Manolo es el corazón y el alma de esta sidrería. El anota las comandas, aconseja las mejores opciones a sus clientes, se enfrenta a los fogones con soltura y charla con sus clientes, amigos de toda la vida. Una labor titánica en la que cuenta con la ayuda de Cristina, que alivia sus tareas de cocina. |
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